miércoles, 14 de diciembre de 2011

Promesas de Ítaca.

Muda como lleva mi alma largo tiempo, vacía de versos, carente de prosa; en el silencio de la vacuidad creativa necesito gritar en palabras escritas. Insultar a los idiotas, abofetear a los vanidosos, torturar a los imbéciles, y elogiar a esos héroes de grandes hazañas de los que nuestro nuestro presente cobarde está tan necesitado. Uno a uno deslizándose los viajes con destino a lo imprevisible que nunca osaba coger, salvo heroicas excepciones. En mi Isla desierta, un pequeño bote promete llevarme a Ítaca, yo le creo... Ítaca al fin, y sonrío y río y casi lloro de felicidad; mas la realidad acecha en forma de voraz tormenta. Debiera ser insultada, yo tan imbécil que he dejado mi fortaleza abandonada en la isla desierta, y si el bote naufraga... ¿qué haré yo tan lejos de mi Isla? ¿qué haré con mis promesas de Ítaca? ¿dónde guardaré los millones de sonrisas? ¿qué haré con mis ilusiones, cuando no sean más que ilusiones perdidas?

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