Muchas veces el papel ha sido mi mejor consuelo, mi mejor amigo. Puesto que siempre escucha con interés todo lo que le cuento. En silencio, como los buenos amigos; sólo que no da consejos, tal vez el miedo a equivocarse… el caso es que cada vez que lo necesito él ha estado ahí, dispuesto a sentir mis palabras así como a secar las lágrimas que caían sobre él.
Pero no es sólo paño de lágrimas, con él también comparto mis alegrías.
Querido Diario hoy quería hacer pública nuestra casi diaria conversación: ha comenzado un nuevo año, tengo muchos propósitos en mente y algún que otro deseo por cumplir; pero como te conoces la mayoría no voy a aburrirte repitiéndolos. Supongo que las proposiciones de cambio no se queden más que en proyectos…me he propuesto corregir mi mayor defecto, el rencor…y es que incapaz de olvidar decepciones avanzo cada paso con, tal vez, demasiada cautela.
Al fin y al cabo, querido amigo, el camino lo recorremos en soledad, aunque hay gente que parece acompañarte en el trayecto haciéndolo más llevadero cuando flaquean las fuerzas. Pero al caer soy yo la que sufro las heridas, al rozar el horizonte soy yo la que sonrío y siento alegría por dentro. El resto me contempla compadeciéndose o alegrándose de mi desdicha, celebrando o maldiciendo mi alegría.
Me gusta pasear en soledad, o viajar en autobús sin nadie conocido en el asiento de al lado porque puedo sumergirme en mis propios pensamientos, soñar con los ojos muy abiertos. Y hay veces que hasta me parece que vuelo.
Cuando sueño sin cerrar los párpados la felicidad me invade, no hay barreras, no hay deseos por cumplir, pues imagínate; querido diario, imagina que puedo viajar a París, frente a la Primera Salida. Canto bajo la lluvia, corro con un destino por concretar curiosamente alguien agarra mi mano y corremos juntos. Es alguien que no se ha olvidado de soñar, que se detiene ante un bello amanecer, ante la primera hoja del otoño, ante una bandera tricolor ondeante al viento, alguien que como yo cree en la libertad por encima de todo. En mis sueños existe hombre así y por eso a veces permito que me acompañe, aunque no siempre porque soy amante de la Soledad.
Al volver lo cotidiano, nada de lo que he soñado está a mi lado pero queda como recuerdo una alegre sonrisa en mi rostro.
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