Escapar, huir de un mundo al que cada día odio más. Huir de la rutina. Llorar buscando un consuelo que no aparece. Lamentase por dejar escapar lo que ahora anhelas. Derramar lágrimas. Lágrimas que duelen tanto que nunca pudiste imaginar que hubiese un dolor de tal envergadura.
Y lamentarse de nuevo, y volver a llorar y destrozarme la garganta gritando su nombre.
Y buscar un hueco para poder estar sola sin nadie que interrumpa tus pensamientos, nadie que rompa tus sueños, a pesar de que se hicieron añicos tiempo atrás.
Y correr, correr y correr sin saber el lugar hacia dónde e diriges.
Y recordar momentos que no volverán a suceder, y guardar los besos que un día recibió mi frente en un lugar al que nadie sea capaz de acceder; y llorar de nuevo al recordar, y buscarle un hueco en mis días a la soledad, una soledad que por más que busco no encuentro, y cuando huyo de ella siempre consigue alcanzarme.
Y lamentarse de nuevo, y volver a llorar y destrozarme la garganta gritando su nombre.
Y buscar un hueco para poder estar sola sin nadie que interrumpa tus pensamientos, nadie que rompa tus sueños, a pesar de que se hicieron añicos tiempo atrás.
Y correr, correr y correr sin saber el lugar hacia dónde e diriges.
Y recordar momentos que no volverán a suceder, y guardar los besos que un día recibió mi frente en un lugar al que nadie sea capaz de acceder; y llorar de nuevo al recordar, y buscarle un hueco en mis días a la soledad, una soledad que por más que busco no encuentro, y cuando huyo de ella siempre consigue alcanzarme.

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